Los 29 renos felices del Paraiso.

El 20 de agosto de 1944, El Servicio de Guardacostas de EE.UU. liberó un pequeño rebaño de cérvidos en la isla Saint Matthew, al norte del Mar de Bering
Esta es la historia de lo que ocurrió después.

Corría el convulso año de 1944 con el mundo inmerso en la segunda Gran Guerra. Las mayores potencias bélicas de la época buscaban desesperadamente la hegemonía sobre los cielos y océanos del planeta.

Las máquinas militares de EEUU y sus aliados necesitaban un método de navegación fiable que determinase su posición exacta y su velocidad; y Alfred Lee Loomis, un científico norteamericano había desarrollado uno, el LORAN; un sistema de radio navegación que permitía, a barcos y aviones, conocer su posición mediante la recepción de radio señales de baja frecuencia, transmitidas por una red de antenas terrestres estratégicamente emplazadas, a lo largo del globo terráqueo.

Una de estas estaciones emisoras Loran, de nombre en clave MIKE, fue instalada por la marina de guerra estadounidense en la isla Saint Matthew ( 60 21 30 N – 172 42 56 W ), situada al norte del Mar de Bering y a 200 Km. frente a las costas de Alaska.

Allí, bajo unas condiciones climáticas extremas de viento, frío, humedad, nieblas constantes y una temperatura media anual de 3,2ºC, fue a parar un pequeño contingente de poco más de 20 hombres con la única misión de mantener en marcha y proteger la remota estación de radio.

Pero como la guerra pintaba fea y nadie sabía a ciencia cierta cuando el destacamento militar podría recibir provisiones desde el exterior; se dejaron, junto a los hombres, a un pequeño rebaño de 29 renos (24 hembras y 5 machos) que pudieran servir de alimento a la tropa en caso de extrema necesidad.

Sin embargo, la 2ª Guerra Mundial terminó un año después, y MIKE dejó de emitir en 1946. Las instalaciones fueron abandonadas y el rebaño de renos se olvidó a su suerte en la isla, de 357 Km2 habitada únicamente por cientos de miles de aves marinas, algunas colonias de focas, y topillos. Un auténtico paraíso para los cérvidos.

Al principio, a la manada debió de parecerle como estar en el cielo. La gran isla estaba totalmente cubierta de hierba y líquenes ricos en nutrientes; y no había depredadores naturales*… Pocos años después, historias de marinos ya hablaban de un atolón al norte, lleno de enormes renos, donde las tripulaciones de los barcos de guerra fondeaban para cazar. Una de estas increíbles historias, llegó a oídos de un joven biólogo llamado David Klein, que consiguió viajar a Saint Matthew y “verlo para creerlo” en 1957.

El Dr. Klein se frotaba los ojos incrédulo ese verano mientras observaba y contaba cérvidos a través de sus prismáticos. En la isla habitaban 1.350 ejemplares; todos gordos y saludables. El pequeño rebaño se había multiplicado 50 veces en sólo 13 años. Maravillado, David comenzó en ese mismo viaje un minucioso estudio de aquél Edén para renos; registrando, no solamente el tamaño y la composición de la manada, sino además las condiciones físicas de los ejemplares, y también el estado y evolución de la vegetación.

Pronto se hizo evidente que podría haber un problema en el paraíso. Las plantas no podían desarrollarse tan rápido cómo era necesario para mantener el crecimiento de la manada; los renos estaban forzando la capacidad de carga** del ecosistema.

El Dr. Klein acabó sus observaciones y partió; la naturaleza siguió su curso…

Cuando regresó al Edén en 1963, seis años después, en la isla habitaban 6.000 ejemplares. Para entonces ya no tan gordos, ni tan saludables, que competían por los escasos y dispersos terrenos con líquenes que allí quedaban. Aún así; nadie, ni siquiera Klein, imaginó a predecir la catástrofe.

El 18 de mayo de 1964, un avión de reconocimiento de la marina estadounidense sobrevuela la isla en un intento de contabilizar la población de animales mediante fotografía aérea. El piloto se niega a volar a baja altura debido a las adversas condiciones climáticas. Saint Matthew está cubierta de nieve ¡No hay renos!

Un año después, a mediados de agosto del 65, arriban al atolón miembros del Servicio de Guardacostas de Estados Unidos en un viaje de recreo para cazar durante 3 días, y en medio de unas inusuales, por lo favorables, condiciones climáticas. Para su disgusto, solamente el último día ven renos a lo lejos; unos 40 ejemplares. No disparan a ninguno.

El Dr. Klein regresa a la catástrofe en junio de 1966. En la isla quedan solamente 42 animales, todos hembras, menos un macho que resultó ser estéril.

La población de Saint Matthew se había multiplicado desde los 29 ejemplares iniciales hasta la gran manada de 6.000 renos en sólo 19 años ( 1944 – †1964 ), para luego extinguirse súbitamente. Vivieron deprisa, sin preocuparse por los recursos que los sustentaban…

El invierno de 1963 fue el más crudo de todos los registrados hasta entonces en el Mar de Bering.

A finales de febrero de 1964, debilitados por el frío y la falta de alimentos, los 6.000 renos de la Isla Saint Matthew se echaron a descansar sobre la nieve y nunca más se volvieron a levantar.

En 1982, un fotógrafo de naturaleza, visitó la isla y encontró el último de todos los renos; una hembra de, al menos 24 años. El doble de la esperanza de vida para estos animales. “Era anciana, artrítica y estaba terriblemente sola.” Al año siguiente, alguien la buscó, pero se había desvanecido.

Hasta cierto punto, las lecciones que nos brinda la vida silvestre se pueden aplicar a la sociedad humana. El reno de San Mateo, que no era consciente de los recursos finitos que le sustentaban; podría convertirse en una metáfora de los seres humanos sobre la Tierra, que estamos haciendo, de manera exponencial exactamente lo mismo… ¿Cómo de grande es nuestra isla?

Mientras lo piensas tranquilamente, los líquenes en Saint Matthew, vuelven de nuevo a crecer frondosos.

Ventura Prats.

 

*Un mapa de Saint Matthew de 1874 incluía la siguiente nota: “Large numbers of polar bears infest this island”. Y es que hubo una época en que cientos de osos polares pasaban sus vacaciones de verano felices holgazaneando en las verdes praderas de la isla. Todos fueron cazados hasta la extinción por las tripulaciones de los barcos, principalmente de guerra y balleneros, que se acercaban hasta la costa para dispararles. Resulta irónico que los últimos 16 de ellos fueron dados muerte por miembros de la Guarda Costera de E.U., a la que posteriormente se le asigno el servicio de proteger a los lobos marinos del Mar de Bering de la caza ilegal.

** La capacidad de carga de una especie biológica en un ambiente es el tamaño máximo de población que el ambiente puede soportar indefinidamente ( sin efectos negativos significativos para los individuos ni su entorno ) en un periodo determinado, teniendo en cuenta el alimento, agua, hábitat, y otros elementos necesarios disponibles en ese ambiente. Por debajo de la capacidad de carga las poblaciones normalmente aumentan, mientras que por encima, por lo general disminuyen.

 

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